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Capítulo 3, tercera parte

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Continuación del  capítulo 3, segunda parte      El cuerpo de bomberos recibió pronto la señal, y no tardaron en llegar a la casa en su carro automático, seguramente obra de tecnología krateriense importada tiempo atrás. El que parecía ser el jefe bajó lentamente del vehículo, peinándose el bigote y subiéndose el pantalón, que una incipiente barriga empujaba por debajo de la cadera. «Este cuerpo ha visto días mejores», pensó Nonnia, aunque en realidad lo dijo alto y claro.       El hombre no contestó; se quedó parado junto a las presuntas culpables y meneó la cabeza de un lado al otro, sin dejar de mirar cómo ardía la cocina.       Abrió una libreta cuyas hojas eran tablillas de madera; sacó un cálamo del bolsillo de su camisa y garabateó algo en la primera página, que luego astilló, arrancó y arrojó a las llamas. El incendio se extinguió enseguida.  «El fuego que consuma este contrato se extinguirá de inmediato».       —El cuerpo de bomberos no está para estas tonterías —dijo el hombr

Capítulo 3, segunda parte

Continuación del  capítulo 3, primera parte      De vuelta al presente, su bisnieta seguía sorprendida de la aparente lucidez de la anciana, al menos en lo que a su libro se refiere. Pero no era el momento de lecciones teóricas, sino prácticas (nº 4: «Experimento de alto secreto»).  «La próxima cereza que crezca en esta rama tendrá un sabor repugnante ».                                                         será azul ».                                                                                  será GIGANTESCA».       —Deja a ese pobre árbol en paz…       —De eso nada. Quiero entender cómo funciona tu sello y hacer que la gente pruebe cerezas diferentes. Seguro que pagarían una fortuna por comer cerezas azules. ¡Imagínate lo que darían por una del tamaño de una casa!       La niña buscó con el tacto alguna flor, pero solo quedaban yemas; era necesario darle tiempo al bonsái para regenerarse… o en su defecto, había que engañarlo hábilmente. Cereza colgó el contrato de cualquier r

Capítulo 3, primera parte

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Continuación del  capítulo 2, tercera parte      El cansancio venció a Cereza mientras fingía dormir —una estrategia a la que debía recurrir si quería que Nonnia también se fuera a su habitación—. Había sido un día intenso, no cabía duda, de modo que tuvo sueños extraños.       Pero ¿estaría realmente despierta ahora? Se pellizcó en el brazo para comprobar que sí; que justo delante, y a punto de aplastarla, había una cereza gigantesca…       Todo comenzó una hora antes, cuando escuchó a Nonnia roncar gracias a que sus habitaciones se hallaban pared con pared en la primera planta. La niña espabiló, saltó de la cama, bajó la escalera procurando no hacer ruido y exploró la casa en busca de posibles testigos; únicamente tras saberse sola se atrevió a colarse en el despacho. Cogió de allí una vela y la caja de cerillas, y luego regresó sobre sus pasos hasta la cocina. Sus padres aún no habían regresado del Mercado Central, pero tampoco tardarían mucho más: debía darse prisa.       Agarró un

Capítulo 2, tercera parte

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Continuación del  capítulo 2, segunda parte      No vale la pena contar nada acerca del almuerzo de aquel día, excepto que todas miraban absortas por la ventana del comedor, esperando en vano que el nieto de Nonnia volviera a tiempo del Mercado Central con algo sabroso e inusual. Como no ocurrió, acabaron masticando aburridas el menú habitual.       Cereza fue a la cocina con su plato para dejarlo en el fregadero —ya lo lavaría luego—, y sin querer miró en dirección al bonsái. El arbolito hizo lo que hacía siempre que alguien lo veía: sus bonitas flores rosa se contrajeron, como avergonzadas de que las miraran, y se convirtieron al instante en cerezas que cayeron en la maceta, maduras y listas para comer.       «Qué horror», pensó la niña, viendo ahí la que sería su cena. Nonnia apareció también en la cocina, cargando su propio plato y avanzando despacio, como con miedo a caerse. Vio a su bisnieta y luego al bonsái, que volvió a hacer lo mismo de antes: otras flores se contrajeron, y f